Laura Luján: «Mi gran objetivo es consolidarme en los cuadros»
Laura Luján en la pista de pádel
Laura Luján | FOTOGRAFÍA de las redes sociales de la jugadora

La pala yace junto a una botella de agua mientras, desde la grada, estallan los gritos de celebración. Laura Luján (Sevilla, 2005) acaba de sellar su pase a semifinales del FIP Silver de Vila Real de Santo António. A sus 21 años, reparte su vida entre dos escenarios que exigen la misma precisión: las pistas de pádel y las aulas de Medicina. En uno, ocupa el puesto 45 del ranking mundial de la FIP; en el otro, avanza en segundo curso de carrera.

Su historia en la modalidad 20×10 comenzó como un juego familiar durante las vacaciones de verano, pero pronto se transformó en una vocación. Campeona del mundo sub-18 en Paraguay (2023) y ganadora de cinco títulos del CUPRA FIP Tour en 2025, este año ya ha sumado un FIP más en Noruega. Su calendario alterna el circuito principal Premier Padel, el secundario CUPRA FIP Tour, y, cuando la ocasión lo permite, representar a España, como hará en julio en el Mundial Universitario, en Málaga.

En Portugal, encontramos un momento para conversar con ella sobre sus objetivos, su perfil como jugadora, los sacrificios que exige el pádel profesional, la economía del circuito y el desafío de construir un futuro dentro y fuera de la pista.

¿Cómo entró el pádel en tu vida?

Llevo jugando al pádel prácticamente desde siempre. Empecé con tres o cuatro años. A mi abuelo le encantaba el deporte y, en la playa donde veraneábamos, había una pista de pádel. Me metía a jugar con él y todo el mundo decía: «Esa niña tiene mano, tiene maneras». Entonces mis padres decidieron apuntarme a clases de pádel y me gustó mucho. Y aquí estamos.

¿Desde el principio sentiste que era tu deporte?

La verdad es que yo era más de fútbol. Pero mis padres me decían: «No, no, pádel, que ya sabemos que se te da muy bien». Y es cierto que me encanta, aunque me gustaban los dos deportes. Pero, conforme empecé a competir en categoría de menores, con unos siete años, vi que se me daba bien y que cada vez me gustaba más. Llegó un momento en el que, si llovía o me ponía mala y pasaba uno o dos días sin jugar, me moría. Necesitaba jugar al pádel.

Actualmente, ¿qué es el pádel para ti?

Es mi vida. Al final llevo compitiendo desde muy pequeña y casi todas mis amigas son del pádel, porque siempre hemos estado viajando y entrenando juntas. Así que el pádel es mi trabajo, mi día a día, mi círculo de amigos… todo.

¿Cómo viviste en casa el momento en el que decidiste apostar por el deporte profesional?

Mis padres siempre tuvieron muy claro que primero debía empezar la carrera universitaria. Me dijeron: «Entras en la carrera y luego ya sí, haces lo que quieras». Lo único que me pedían era que fuera aprobando poco a poco, sin prisa. Así que jugué menores hasta entrar en la universidad y, ya en la carrera, empecé a jugar Premier Padel. Mientras no deje de lado mis estudios y vaya sacándome la carrera, mis padres están contentos.

Hablando de tu formación universitaria, ¿qué estudias exactamente?

Medicina y estoy en segundo curso.

Una carrera que exige mucho esfuerzo y presencialidad para realizar las prácticas. ¿Das prioridad a los estudios, al pádel o tratas de encontrar un equilibrio?

Ahora mismo, la prioridad es el pádel. Eso sí, si veo que existe la posibilidad de poder presentarme a un examen porque las fechas cuadran, voy estudiando en casa cuando no entreno, por si surge la oportunidad de repente. Pero, en este momento, el pádel es mi prioridad.

¿Cuentas con algún tipo de apoyo por parte de la facultad?

Cero. He tenido la suerte de encontrarme con algún profesor -creo que me ha pasado literalmente con tres profesores de todas las asignaturas que tengo- que sí que me ha ayudado, en el sentido de cambiar alguna fecha de examen o, a lo mejor, de dejarme cambiar las prácticas con compañeros para ir directamente a la que pudiera asistir. Pero no he tenido casi ningún apoyo. De hecho, he suspendido asignaturas porque no he podido asistir a prácticas o porque directamente no me han permitido cambiar la fecha de un examen.

¿Has pensado ya qué quieres hacer cuando termines Medicina?

Por gustarme, me gustan especialidades como la cirugía o la psiquiatría. Me gusta todo lo que implique acción, movimiento. La idea de pasar todo el día sentada en un despacho no me llama demasiado.

¿Tu plan es terminar la carrera, dedicarte profesionalmente al pádel mientras puedas y después ejercer como médica?

Sí. A menos que me vaya muy bien en el pádel y no tenga necesidad de ejercer, aunque eso es complicado.

¿Por qué tienes tan claro que necesitas un plan B?

Porque hay demasiadas variables que pueden cambiarlo todo. Puedes lesionarte, tener una mala racha, el circuito puede cambiar -al final, las fechas van cambiando, pueden quedarse sin dinero…- o puede que aparezcan jugadoras con un nivel muy alto que hagan que, de repente, bajes en el ranking y no ganes dinero. Creo que hay tantas cosas que pueden salir mal que está bien tener un plan B, por si acaso.

 

El camino hacia el profesionalismo

Actualmente entrenas en Sevilla. ¿Tienes intención de seguir en la capital hispalense?

Sí, porque estoy estudiando la carrera allí. Además vivo con mis padres. Muchas veces he pensado en mudarme a Madrid, como hacen muchos jugadores, pero al final paso gran parte del tiempo viajando y las jugadoras contra las que entrenaría allí son las mismas con las que luego compito cada semana. Y la verdad es que tampoco es lo mismo terminar dos semanas de competición y volver a casa de tus padres que a un apartamento donde vives sola en Madrid o donde sea.

¿Cómo cambió tu rutina cuando decidiste dedicarte profesionalmente al pádel?

Al principio no cambió nada. Como no tenía suficientes puntos para entrar en Premier Padel, empecé jugando torneos FIP. Entrenaba tres días a la semana, no hacía preparación física específica ni seguía una alimentación concreta. Además, llevaba muy bien la carrera y aprobaba todo con muy buenas notas.

Hasta que un día mi entrenador me preguntó: «¿Qué quieres realmente? ¿Dedicarte al pádel o centrarte en la carrera?». Le respondí que quería apostar por el pádel. Entonces me dijo que, si ese era mi objetivo, tenía que cambiar muchas cosas y que tenía que llevarlo más en serio. Y ahí di un cambio: empecé a entrenar mañana y tarde, busqué un preparador físico y empecé a cuidar mucho más la nutrición.

Ahora mismo estás trabajando con dos entrenadores: Javi Peña y Pablo Mozo.

Sí. Por las mañanas entreno con Javi Peña, en La Red 21, y por las tardes con Pablo Mozo. Con Pablo llevo prácticamente toda la vida. Empecé con él cuando tenía unos 10 años y seguimos trabajando juntos y de manera más particular. Él tiene sus propias pistas y muy pocos alumnos; selecciona a los jugadores con los que quiere trabajar. La verdad es que él tiene otra profesión y el pádel lo hace por vocación.

En el caso de La Red 21, ¿representas a esa academia cuando compites en un torneo?

No, yo no represento a ninguna academia y, de hecho, cuando me preguntan por mis entrenamientos siempre digo el nombre del entrenador y no el de la academia.

¿Entrenar en una gran academia aporta algún beneficio económico a los jugadores?

No directamente. Quizá lo positivo es que, al tener muchos jugadores, si llevas el entrenador a los torneos, los gastos son muchos más baratos. Al final, a la gira que me llevé a Javi, íbamos Victoria Iglesias y yo; claro los gastos fueron mucho más altos que en academias como Diagonal, en Madrid, que tiene a 50 jugadores de sus circuitos.

En un circuito donde hay que organizar los viajes, los entrenamientos, la competición, buscar financiación… ¿Tienes a alguien que se encargue de gestionar tu carrera deportiva o lo haces todo tú sola?

Sí, tengo una representante. Se llama María Wakonigg. Empecé a trabajar con ella porque es amiga de mi entrenador, Pablo Mozo. Cuando gané el Mundial de menores, Pablo le habló de mí. Aunque ella llevaba principalmente jugadores del circuito profesional, como yo me quería meter en el circuito, empezamos a trabajar juntas y llevamos unos dos o tres años.

La verdad es que estoy muy contenta. Me ayuda, sobre todo, a conseguir patrocinios; como conoce a todo el mundo, me va presentando a más gente, más patrocinadores. A lo mejor, si le digo que estoy rayada porque me ha escrito cierta jugadora, ella también me aconseja con las compañeras. Y luego, en algunos torneos, también me acompaña.

Hablemos un poco más de los patrocinadores. ¿Con cuáles cuentas actualmente?

Tengo a Joma, que es mi patrocinador principal y me está yendo superbién. También cuento con los Apartamentos Playa del Duque, en Marbella (un patrocinio que consiguió María), y con Santify Nutrition, que me ayuda con suplementación deportiva.

¿Qué importancia tienen los patrocinadores en una carrera como la tuya?

Muchísima. Al final son la base, porque como el circuito profesional depende de los resultados que hagas, no tienes un fijo al mes. Un mes te puede ir muy bien o muy mal. Así que los patrocinadores te dan esa seguridad para pagar los entrenamientos y todo lo demás. Es como tener una base de sueldo que te permite continuar.

 

ADN de jugadora y estrategia competitiva

Hablemos ahora un poco más sobre tu perfil como jugadora. ¿Cómo te preparas para un torneo profesional?

La verdad es que intento mantener siempre la misma rutina. No cambio prácticamente nada porque haya un torneo importante. Entreno igual, sigo la misma alimentación y mantengo la misma planificación tanto si voy a disputar un Premier Padel como un FIP.

¿Estudias a tus rivales antes de los partidos?

El problema aquí es que los cuadros salen muy tarde. Por ejemplo, en Argentina juego el  martes o el miércoles y los cuadros no salen hasta el domingo. Eso significa que solo tenemos uno o dos días para prepararnos contra las rivales, y así es complicado. No hay tiempo para entrenar jugadas específicas porque ni siquiera sabes contra quién vas a jugar. Es un poco rollo.

En este FIP Silver de Vila Real de Santo António compartes pista con Ana Catarina Nogueira. ¿Cómo se dio esa oportunidad?

A principios de temporada, ella me escribió para jugar juntas. En aquel momento le dije que no porque quería seguir con Leticia Manquillo. Somos de la misma edad, superamigas y veníamos obteniendo muy buenos resultados.

Honestamente, la invitación de Ana Catarina era una oportunidad importante porque tiene mucha experiencia y veteranía, y nos permitía entrar directamente en cuadros principales, pero preferí seguir con Letícia.

Poco después, Leticia decidió cambiar de pareja. Entonces le escribí de nuevo a ‘Portu’ para decirle que me habían dejado y preguntarle si seguía buscando compañera. Le dije que yo estaría encantada de poder jugar con ella… y aquí estamos.

¿Qué planes tenéis? ¿Hasta cuándo vais a jugar juntas?

Decidimos poner fin a este proyecto después del torneo de Argentina.

¿Qué ocurrió?

Me ha surgido la oportunidad de jugar con Araceli Martínez, que está 32ª en el ranking, y eso suma mucho. Es más joven, tiene muchos más puntos y siempre me ha gustado mucho como jugadora, por su estilo de juego y también como persona. Vi que era una gran oportunidad y, además, entraba en cuadro, así que pensé: «Me tengo que ir con ella».

Precisamente hablando de parejas, desde que has empezado a competir en los FIP y Premier Padel en 2024, ya has compartido el mismo lado de la pista con 11 jugadoras. ¿Cómo interpretas este cambio constante de compañeras?

Creo que soy una compañera muy fácil. Siempre intento ver la parte positiva de todo el mundo y me gusta aprender de las compañeras, así que me adapto rápido a cualquier jugadora. Obviamente, me gustaría tener un proyecto estable con una sola compañera, pero sabemos cómo es el circuito: si las cosas no van bien, buscas un cambio, o si surge una oportunidad como esta, es difícil decir que no. La otra jugadora también lo entiende, porque, al final, lo haces para crecer en el circuito. Así que creo que me adapto bien y que no me cuesta jugar con diferentes tipos de perfiles de jugadoras.

Analizando ahora lo que llevas de temporada, este año has disputado más torneos FIP que de Premier Padel. ¿Responde a una estrategia?

Sí, aunque también hay que tener en cuenta que esta temporada aún no ha habido muchos torneos de Premier Padel. Creo que, hasta ahora, solo me he perdido dos de Premier, y han sido ambos P2: el de Gijón y el de Asunción, que se está disputando ahora mismo.

Pero, en el sentido de estrategia, irme ahora a Asunción y luego a Argentina, supondría estar dos semanas fuera. Si perdiera en primera ronda, tendría que quedarme toda la semana en Paraguay esperando para luego irme a Argentina, y sería muy duro.

Pero, como las fechas coincidían con el FIP Silver de Porto, hablando con Ana Catarina, dijimos: «Venga, tenemos más tiempo para entrenar, no tenemos que estar tanto tiempo fuera de casa y jugamos un FIP». Además, por ejemplo, en Porto llegamos a semifinales y sumamos los mismos puntos que si hubiéramos caído en primera ronda en Asunción, pero sin tener que pasar seis días paradas.

Por lo tanto, es una cuestión de estrategia, pero en todos los aspectos: no solo por los puntos, sino también por el dinero, etc.

¿Crees que la situación en Oriente Medio puede afectar al circuito de Premier Padel?

Sí, de hecho, ya está afectando. El Major de Doha, que era el primero del año, terminó suspendiéndose. Además, se han producido cambios en el calendario. Por ejemplo, el torneo de Pretoria pasó de P2 a P1 y el torneo de Kuwait, donde además está la Rafa Nadal Academy, pasó de P1 a Major. Así que afecta en el sentido de que nos han quitado un premio que, encima, era el principal. Pero, de momento, el circuito ha encontrado soluciones y ahora habrá que ver qué ocurre en el futuro y si finalmente se puede volver a competir allí con normalidad.

Si la situación se complicara, ¿sería viable que un jugador se dedicara únicamente al circuito FIP?

Sinceramente, no. En los FIP casi siempre se pierde dinero. Al final, en Premier Padel, si estás en el cuadro principal, te cubren todo menos el avión y, además, tienes un fijo, así que normalmente sales ganando o como mucho te quedas igual. A no ser que, por ejemplo, el coste de vida en el local donde se celebra el torneo esté carísimo, pero de normal se suele salir igual o ganando.

Sin embargo, en los FIP es muy difícil, a menos que ganes el torneo y el hotel, las comidas y el transporte te hayan salido baratos. Al fin y al cabo, si es para ganar puntos y subir en el ranking, los FIP están superbién, pero no para ganar dinero.

¿Qué opinas sobre el advenimiento de la Pro Padel League?

Es un proyecto que llama la atención, porque es muchísimo dinero y piensas: «Me voy». Pero yo soy muy joven y tengo mucho recorrido por delante.

La PPL tiene un sistema distinto, por clubes, con salario fijo, lo que da más seguridad. Pero yo juego Premier no solo por el dinero —que, obviamente, quiero ganar para poder vivir del pádel—, sino porque es el circuito principal. Al fin y al cabo, si quieres ser alguien en el pádel profesional, tienes que estar ahí. La PPL paga mucho, sí, pero es un circuito americano y todavía está empezando.

Encima, ya hemos visto casos como el circuito A1: parecía muy sólido, daba mucho dinero… y desapareció. Si pasa algo así, te quedas con dos puntos de Premier Padel y tienes que empezar de cero. Por eso, ahora mismo, prefiero seguir apostando por Premier Padel y habrá que ver cómo crece la PPL en los próximos años.

 

Del pasado al futuro

¿Qué sacrificios has tenido que hacer para llegar hasta aquí?

Principalmente, renunciar a gran parte de mi vida social. Claro que tengo amigos, pero lo típico de irte un fin de semana de fiesta o a una discoteca… no puedo. En realidad, podría, pero no bebo, no fumo, nada; solo tomo agua. Y cuando vuelvo de una competición, después de una o dos semanas fuera, lo único que quiero es tumbarme en el sofá, con la mantita, poner Netflix y descansar. No me apetece nada arreglarme y salir. Y claro, eso hace que el círculo de amistades se reduzca, como es lógico, aunque también te ayuda a ver quién está de verdad.

Otro sacrificio importante es el tiempo con la familia. A mis padres los veo porque vivo con ellos y cuando los torneos están muy cerca de casa suelen acompañarme. Pero a mis tíos y primos, solo los veo en Navidad y poco más. Me he perdido bodas, bautizos y otras celebraciones familiares importantes porque coincidían con competiciones.

Y luego está la universidad. Después de entrenar durante todo el día, lo último que apetece es ponerse a estudiar, pero hay que hacerlo. Tiene que merecer la pena, ¿no?

¿Qué objetivos te marcas para este año?

Más que una posición concreta en el ranking, mi gran objetivo es consolidarme en los cuadros principales. Es decir, poder entrar en cuadro y no tener que estar cada semana pendiente de si tengo puntos, si entro en previa o en cuadro… Eso da mucha más tranquilidad.

En agosto hay los Juegos del Mediterráneo. ¿Has recibido alguna llamada?

No, todavía no.

¿Te gustaría ser convocada?

Claro que sí. Este verano voy a representar a España en el Mundial Universitario, lo que ya supone un orgullo enorme. En los Juegos del Mediterráneo solo compiten dos parejas, así que será complicado porque primero estarán las jugadoras con mejor ranking. Pero, por supuesto, si algún día llega esa oportunidad, sería un honor.

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