El camino que un/a joven debe recorrer para lograr una carrera deportiva en el pádel comienza mucho antes de pisar la pista. Empieza en el coche rumbo a un torneo, en las horas de entrenamiento, en las noches en hoteles, en las renuncias personales y, sobre todo, en el esfuerzo silencioso de quienes hacen posible que el viaje continúe.
María Delgado, campeona de Europa júnior y número 121 del ranking mundial con tan solo 16 años, persigue el sueño del profesionalismo. Pero ese sueño se sostiene sobre un pilar delicado: el esfuerzo económico y emocional de sus padres. En un deporte donde la falta de patrocinio amenaza el futuro de jóvenes promesas, cada torneo es una apuesta familiar. En esta entrevista, José María Delgado, su padre, nos abre la puerta a la trastienda de un sueño que se construye con ilusión, constancia… y mucho esfuerzo familiar.
No debe de ser fácil acompañar a una hija de 16 años que está intentando hacerse un hueco en el pádel profesional. ¿Qué supone para la familia?
No es fácil. No es fácil en muchos sentidos. Por supuesto, en el aspecto económico, porque no hay unos ingresos totalmente fijos y, derivado de eso, también está el aspecto laboral. La madre, María Luisa, tiene que seguir trabajando, porque, al final, gana lo que trabaja. Yo ya estoy jubilado, así que, por mi parte, me dedico a estar todo el tiempo con María. La acompaño a todos lados. Los desplazamientos son largos y, al final, estamos todo el tiempo con ella.

¿Y en el ámbito emocional?
También es muy difícil. Normalmente, en el pádel se dice que los padres no deberían mezclarse en la vida deportiva de sus hijas, pero pienso que ese tema merece un análisis más profundo, porque va a depender de cada hija, de cada padre, de cada familia.
Nosotros hemos aprendido mucho por el camino. Al principio quizá éramos una familia más exigente con la niña, sobre todo cuando era pequeña. Pero, con el tiempo, gracias al trabajo con un psicólogo y a nuestra propia experiencia, hemos visto que se puede cambiar y que ese cambio puede convertirse en una ayuda enorme para nuestros hijos. Cuando ellos confían en sus padres y sienten que no los están presionando, es algo fantástico. María tiene que sentir que todo va a ser fruto de su trabajo y de su capacidad; nosotros estamos ahí para ayudarla, no para presionarla.
¿Cómo han encontrado ese equilibrio?
Ha sido un aprendizaje. No es fácil tener una niña compitiendo al nivel al que está compitiendo María: ha ganado varios campeonatos y solo tiene 16 años. Pero nosotros intentamos que esté tranquila y que disfrute del camino. Ella quiere ser profesional y se lo toma absolutamente en serio. Entonces, nuestra labor es acompañarla y ayudarla a que pueda conseguirlo.
En la entrevista con María me contaba que ustedes, junto con su entrenador, Pablo Loza, deciden qué torneos disputar y con qué compañera. ¿Hasta qué punto participan en la gestión de su carrera?
Nuestra función, en algunos casos, podría limitarse simplemente al aspecto económico: «Ahí tienes a la niña, llévala». Pero en nuestro caso es diferente, puesto que también estudiamos los partidos. Nos pasamos horas y horas, incluso de madrugada, viendo a las posibles rivales. Después le decimos a María: «Mira, esta jugadora, en un momento determinado, no tiene limpio el revés; lo saca con dificultad. Tú puedes aprovecharlo ahí». O: «Mira este golpe, cómo lo hace y cómo puedes contrarrestarlo».
Esa parte la hacemos nosotros, porque el entrenador tampoco puede hacerlo todo. El entrenador lleva a cinco o seis niñas, entre ellas dos muy fuertes, como María y Claudia Escacena.
En cuanto al aspecto económico, ¿qué supone sostener una carrera deportiva a este nivel?
Es complicado. En los viajes, por ahora, no tenemos ayuda. Los gastos los asumimos nosotros porque todavía no hay patrocinadores que se hagan cargo de los desplazamientos. Y eso implica que la madre tenga que seguir trabajando. No tenemos una situación en la que podamos despreocuparnos de la parte económica. Al contrario: necesitamos mucho esfuerzo para poder mantener todo esto.
María tiene 16 años. ¿Qué le parece la relación que existe entre el tiempo que dedica al deporte y su vida personal?
Su vida está muy enfocada al deporte. Ella prácticamente no tiene vida personal porque, además, no quiere tenerla. Quiero decir que la vida personal que tiene es la justa, la que ella quiere. Un día me dice: «Papá, mañana tenemos entrenamiento». Y al día siguiente: «Mañana tenemos esto». Y alguna vez me dice: «Creo que me voy a ir con otra amiga a la playa». Y yo le digo: «Perfecto, increíble». En el balance personal y deportivo, el deportivo pesa muchísimo. Probablemente sea un 90 % y ella quiere más. Y, de hecho, muchas veces es el propio entrenador el que tiene que pararla: «No, no. Ya está. Tienes que descansar».

¿Y cómo viven los padres ese esfuerzo?
Por una parte, estamos tranquilos porque ella está haciendo lo que quiere. Cuando ves que todas sus amigas y compañeras del colegio salen, van a discotecas y tienen otra vida, ella podría estar haciendo lo mismo. Pero es que ella no lo quiere. Para ella, esto es fantástico. Y eso también nos da tranquilidad.
¿En qué momento vieron que el pádel podía convertirse en una carrera profesional?
La idea de ella siempre ha sido ser profesional. Y nosotros pensamos: «Muy bien que quiera ser profesional, pero tiene que saber las dificultades que entraña llegar hasta ahí». No queremos que se desanime, ni muchísimo menos. Lo que queremos es que esté contenta con lo que haga durante el camino, porque si lo intenta y pone todo de su parte, nadie puede pedirle más.
Ella lo intenta y lo hace todo. Las previsiones son buenas, pero las previsiones nunca significan que vaya a llegar. Hay que tener los pies en el suelo. Llegar a ese nivel es algo que consiguen muy pocas chicas. Pero pensamos: «¿Por qué no intentar que ella sea una de ellas?». Hay que intentarlo y hay que hacerlo. Y si finalmente no llega a ser profesional… Pues será otra cosa. Lo que está viviendo ya es una experiencia magnífica. Es una experiencia muy sobresaliente.
Pero durante este próximo año hemos pensado que puede reducir un poco el nivel de estudio e intentar conseguir los puntos que le permitan jugar con jugadoras con más nivel, con más puntos y con más opciones. Esa es la idea. Y lo hemos pensado bien.
Entonces, ¿qué esperan de estos próximos años?
Sobre todo, que ella siga teniendo claro que quiere construir una carrera deportiva. Se lo está tomando totalmente en serio y, además, le gusta. Nosotros vamos a intentar darle todas las herramientas que podamos. Pero también queremos que sea consciente de que llegar es muy difícil. Si lo consigue, fantástico. Y si no, habrá aprendido muchísimo por el camino.
¿Y qué es lo que más orgulloso le hace sentir de ella?
Que es una niña excepcional en todos los aspectos de la vida. No solo por el deporte. Nunca nos ha dado problemas de ningún tipo. Es una maravilla. Ella tiene muchísima suerte de tener unos padres que la apoyan, pero nosotros también tenemos mucha suerte de tener una hija como María. Es una niña excepcional. Ojalá todos los niños fueran así.







